Castillo de Carchuna, el Fuerte del horror

El 26 de julio de 1947 cuatro personas fueron víctimas de un fusilamiento extrajudicial en las proximidades de Castell de Ferro, para ser enterradas a continuación en una fosa común del cementerio del mismo pueblo. Eran José Villoslada Ruiz, Miguel Fernández Villoslada, Antonio Miguel Medina Franco y una cuarta persona cuya identidad no se ha podido determinar.

Habían sido detenidos en una amplia redada llevada a cabo en el municipio de Lentegí por guardias civiles vestidos de paisano que intervinieron por las distintas cortijadas, desde la que se encuentra más alejada, para ir acercándose al pueblo.

Resultaron detenidas dieciocho  personas, once hombres y siete mujeres que fueron llevados al Ayuntamiento de Lentegí, donde se esperaba que fueran avalados por el alcalde, Antonio Villoslada Ramírez, que no lo hizo con nadie. Desde Lentegí le condujeron a pie hasta Otívar para ser trasladados en un camión al Fuerte de Carchuna, en el término de Motril.

El historiador José María Azuaga y Jacqueline López Ligero, de la Asociación 14 de Abril, han llevado a cabo una investigación en la que reconstruyen aquellas detenciones, el confinamiento de los detenidos en el Castillo de Carchuna y el fusilamiento extrajudicial de cuatro de ellos en las tapias del cementerio de Castell de Ferro, donde fueron enterrados en una fosa común.

El trabajo de José María y Jacqueline, El Fuerte del horror, torturas y ejecuciones extrajudiciales en Carchuna y Castell de Ferro en julio de 1947 se puede consultar y descargar aquí.

El Fuerte de Carchuna, centro de represión en la posguerra

El Fuerte de Carchuna es más conocido por ser el lugar de detención de un amplio grupo de presos asturianos, unos 300, capturados por los franquistas en la guerra, que fueron liberados en una exitosa operación el 23 de mayo de 1938 por un comando que partió del territorio republicano y que dirigían los brigadistas William Aalto e Irving Goff.

Es menos conocido, sin embargo, que el fuerte fue también utilizado como centro de represión en la posguerra. “Era entonces un llano inhóspito, donde no había nadie, nada más que el castillo”, afirmaba Manuel Prieto López, general de la Guardia Civil, que se enfrentó a la guerrilla en ese tiempo y que se refería a su función represiva, como un lugar donde se llevaban a cabo interrogatorios.

Manuel Guerrero Navarro

El testimonio directo de Manuel Guerrero Navarro, que estuvo allí recluido, sufrió torturas y sobrevivió, corrobora el papel represivo que el franquismo asignó al Fuerte de Carchuna en la posguerra.

La documentación procedente del régimen indica que la ejecución de las cuatro personas fue en el lugar conocido como Las Isletas, cerca de la rambla de El Sotillo y, como en otros casos de ejecuciones extrajudiciales, en esa documentación no se cuenta la verdad de lo sucedido.

A los cadáveres se les realizó la autopsia en el depósito del cementerio de Castell de Ferro por los médicos Arturo González Alférez y Agustín Puertas Oliveros, de Gualchos y de Castell, respectivamente. Posteriormente se decidió enterrarlos en el mismo. El juez instructor del procedimiento judicial, el teniente de la Guardia Civil Francisco Morales Rodríguez, acompañado del secretario de esas actuaciones y de dos testigos, Miguel Malpica Espá y Juan Rodríguez Carrión, dispuso que se procediera al enterramiento.

En esta documentación aparece el sitio exacto: “junto a la tapia que separa el Cementerio nuevo del viejo y a un metro, veinte centímetros del punto en que se une la citada tapia con el muro que limita el Cementerio por el Este” . Un lugar fácil de ubicar actualmente. Era el día 27 de julio de 1947.

Castillo de Carchuna

Al igual que con otros casos similares, la documentación oficial no reconoce la verdad de lo ocurrido, temerosa de que de alguna manera salga a la luz con el consiguiente descrédito del franquismo, que estaba incumpliendo sus propias leyes.

Sin embargo, los distintos testimonios orales recogidos son concluyentes, hasta el punto de que se puede afirmar que es vox populi entre las personas mayores que pudieron saber del caso que se trató de unos vecinos que sacaron de Lentegí, que no eran guerrilleros, y que trasladaron a Carchuna primero y luego a un lugar cercano a Castell donde los mataron.

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